Son las 2 y 37 de la madrugada y estoy sentada frente al ordenador tratando de recordar qué libros literarios he leído en mi vida.
Evidentemente, la hora no está como para pensar en ello, pero llevo días dándole vuelta al asunto en la cabeza y he comenzado a recordar justo ahora qué libros han quedado impresos en mis recuerdos -valga la redundancia-. Y hurgando en mi memoria, hallé con cierta ternura y nostalgia las famosas «Memorias de Mamá Blanca» una bellísima obra de la escritora venezolana Teresa de la Parra. Y justo ahora, buscando información sobre esta autora, descubrí que esas historias que me hacían soñar, estaban basadas en la propia vida de Teresa: básicamente relata momentos importantes que caracterizaron su infancia, y en particular la relación de ella con su familia en donde se ven involucradas sus cinco hermanas.
También comencé a recordar las divertidas historias narradas en «Los Cuentos Tío Tigre y Tío Conejo» si mal no recuerdo, obras de Antonio Arraíz, quien fue un escritor venezolano autor de los relatos de Tío Tigre y Tío Conejo dirigido al público infantil. Sus relatos eran divertidísimos y siempre «tío conejo» lograba vacilar a tío tigre y también, se formaban unos zaperocos con otros personajes.
Luego, con el pasar de los años, obras como «Doña Bárbara» del escritor venezolano Rómulo Gallegos. Donde la historia es una verdadera «culebra» (expresión venezolana para calificar las novelas complejas y enredadas). «Doña Bárbara», es una compleja y fascinante historia que difícilmente podría resumir en este escrito, pero si nunca la has leído, léela porque te la comerás de principio a fin. Por cierto, vale la pena acotar que esta exitosa novela ha sido reeditada más de cuarenta veces y traducida a otros idiomas.
Volviendo al tema, lo cierto, es que recordando estas y otras novelas y cuentos que he leído, -a parte de la nostalgia- me percato de cómo el tema de la cocina está presente en cada una de estas historias, que, aún y cuando no es el eje central de la trama, refleja muy bien las peculiaridades de la cultura gastronómica venezolana y esas expresiones típicas que caracterizan nuestro argot culinario. Y éste es el hecho que me resulta fascinante. Es como redescubrir la propia historia, las recetas olvidadas, aquellos ápices casi imperceptibles que describen muy bien lo que somos y lo que comemos.
Y… ahora, no sé que voy a hacer para rescatar estos libros tan preciados estando aquí en Madrid, tan lejos de mi país. Pero, una recomendación final si se las voy a dar: indaguen, lean, busquen en la literatura local aquellos aspectos que trazan los rasgos de la cultura y si recuerdan otras novelas, cuentos de esos años por favor escríbanme y los comentamos.
