Prohibición del sulfuroso obligaría a La Rioja a hacer inversiones alternativas sin garantías

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División, al menos de momento, o desinterés. Así se explica que la directiva europea, original de 1998, que prohibirá a partir del mes de junio el uso de sulfuroso como desinfectante de barricas haya llegado hasta donde ha llegado sin una oposición clara tanto del sector como de las propias administraciones. Lo que parece seguro es que su implantación, si nadie lo remedia, provocará nuevas e importantes inversiones en métodos alternativos sin garantías o en satisfacer servicios de empresas que se hagan cargo de la desinfección.

El tema, desconocido también para muchos bodegueros, acaba de saltar a la palestra, ya que el sector europeo necesita financiar urgentemente, antes de mayo, un informe privado para presentar a la Comisión Europea que exceptúe al vino de la directiva de prohibición del sulforoso como desinfectante, cuyo coste estaría entre 300.000 y 500.000 euros antes de mayo, y demuestre que no son viables otros métodos alternativos.

El método conocido como ‘mechado’ (quemar una pastilla de dióxido de azufre en la barrica) es tradicional, habitual y barato. Su eliminación no tiene mucha lógica, ya que está autorizado el uso de sulfuroso en el vino por sus propiedades conservantes en cantidades mucho mayores que el residuo que deja la desinfección.

La directiva, no obstante, no ha encontrado un rechazo unánime en el sector. José Luis Benítez, gerente del Grupo Rioja (la mayor organización bodeguera), señala que «el tema lo tratamos en noviembre en la Federación Española del Vino y había bodegas que lo consideraban un problema y otras, no». Con la situación financiera actual –continúa–, se decidió por mayoría no colaborar económicamente en el estudio europeo y en Rioja hicimos también consultas, encontrando bodegas preocupadas por el tema y otras que no lo están». Pese a todo, asegura Benítez, llevamos el caso al Consejo Regulador y está pendiente de una comisión técnica que está analizando el problema».

Antonio Palacios, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Enólogos, ya advirtió en un artículo dirigido a los profesionales hace dos meses de las repercusiones: “Las pequeñas bodegas y cosecheros son las que salen peor paradas, ya que los nuevos métodos, con los que aún se está experimentando, son caros y en el caso de los pequeños se complican las cosas”. Palacios cree que deben ser las propias empresas “las que se pronuncien” pero sí aclara que “no tiene sentido la norma porque no hay perjuicio y se complica la vida a mucha gente”. Asimismo, avisa de que «aún se está experimentando con otras técnicas, pero no hay soluciones ni alternativas claras».

La supresión del sulfuroso como desinfectante, si afecta a alguna región vitícola, es a Rioja que tiene el mayor parque de barricas del mundo (más de 1,3 millones). El SO2 es un método barato para evitar problemas como el brettanomyces u otras contaminaciones. La paradoja es que la legislación alimentaria permite el uso de sulfuroso en el vino (como conservante) en mucha mayor cantidad y la única precaución sanitaria que se tomó fue la obligación de indicar «contiene sulfitos» en las etiquetas».

Una barrica cuesta entre 300 (roble americano) y 800 euros (roble francés), por lo que su sustitución cada añada es inviable. El caso, y así lo intentaría demostrar el informe europeo para el que se busca financiación, es que los métodos alternativos de desinfección (ozono o ultrasonidos) no ofrecen todas las garantías. De momento, en España ni bodegas ni administraciones se han mostrado por ahora dispuestas a aportar dinero al estudio que exige la UE para no incluir el sulfuroso en la lista de prohibidos.

Fuente: lomejordelvinoderioja.com

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