El raleo de racimos, es una técnica que permite modificar la relación fuente-destino, es decir, hojas-racimos, eliminando a estos últimos.
Al modificar el equilibrio de la planta, si no afectáramos el nivel de producción de los metabolitos secundarios de interés, ni el tamaño de las uvas, se produciría un «mejor llenado de las bayas». Es decir, una cantidad constante de metabolitos se distribuiría en una menor cantidad de racimos, generando un aumento matemático de la concentración de antocianos, taninos, etc.
La probabilidad de ocurrencia de este suceso, sin mediar ningún ajuste fisiológico por parte de la vid, es muy poco probable. Así lo muestran los resultados de Keller et al. obtenidos en 2005, quienes sostienen que el nivel de raleo de racimos y el momento tienen poca o ninguna influencia en disparar el crecimiento, área foliar, peso de poda, número de bayas, peso de grano, frutas y composición (sólidos solubles, acidez titulable, pH, color). En 2006, Matus et al. mostraron que el raleo de racimos temprano e intenso aumenta la biosíntesis de antocianos, catequinas y proantocianidinas, pero no se traduce en una mejora cualitativa del vino por la dilución que causa el aumento de tamaño de la baya. Por otro lado, en 2007, Prajitna et al. comprobaron que el raleo de racimos no afecta la biosíntesis básica del vino (sólidos solubles, acidez total, etc.) excepto el pH, sin embargo se incrementa linealmente la composición polifenólica y los niveles de resverastrol. Adicionalmente, de afectar la respuesta fisiológica de la planta, el momento de raleo es esencial, ya que la activación de la síntesis de taninos, por ejemplo, ocurre preenvero, mientras que la de antocianos se da un poco antes del cambio de color, propiamente.
